Resistir y desobedecer a lo inhumano.

 

México es un territorio caracterizado por grandes y profundas desigualdades de todo tipo: 6 de cada 10 mexicanos son pobres, 1 de cada 5 no sabe si come al otro día (gana menos de 1 dólar diario), el tercer hombre más rico del mundo vive en este país al igual que varios más de la lista de los 100 más ricos, el 40% de la canasta básica es importado, hay miles de desplazados indígenas en Chiapas, se están entregando los mayores recursos y reservas naturales al gran capital internacional, la justicia y la represión son sinónimos de impunidad. En este contexto, resistir ante esta etapa de creciente inhumanidad y guerra del capitalismo actual -incluso con formas genocidas- es imperioso, es una defensa a ultranza de la vida, la sobrevivencia, la dignidad y la posibilidad de preservar y enriquecer la propia identidad y autonomía. Los movimientos sociales que existen dentro de nuestro país expresan esta lucha de maneras muy diferentes, con demandas que oscilan desde las reivindicaciones políticas, económicas -sobre todo por tierras-, sociales, ambientales y culturales.

 

Desde esta perspectiva, México ha estado atravesado recientemente por tres grandes movimientos de masas instalados en la etapa más radical de la resistencia civil noviolenta: la desobediencia civil. Además, todos ellos, aún si en muy en diferentes gradaciones, plantearon acciones encaminadas a un “gobierno paralelo”. Decía Gandhi al respecto en su Hind Swaraj: “Si el hombre sólo se diera cuenta que es de cobardes obedecer a leyes injustas, ya no lo podrá esclavizar ninguna tiranía…Ésa es la clave del autogobierno”.

 

      1) Las comunidades zapatistas en Chiapas llevan años construyendo su territorio de “autonomía”, con estructuras (juntas y comisiones) propias de “buen gobierno”, justicia, salud, educación, organización comunitaria y producción. Constituye ésta una de las experiencias contemporáneas más originales y radicales de alternativa noviolenta al orden social capitalista, ahora enriquecida a través de La Otra Campaña y la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

 

      2) Por otro lado, en Oaxaca, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y una fracción disidente del sindicato de maestros realizaron múltiples acciones de resistencia civil para la destitución de autoridades corruptas, así como han llevado a cabo diversas formas de organización social y política autónoma.  

 

     3) Finalmente, el movimiento nacional de protesta que ha suscitado el fraude electoral del 2 de julio, abundó en acciones radicales de protesta civil y en la Convención Nacional Democrática declaró a un  “presidente legítimo” de México.

 

La reacción del gobierno mexicano a estas luchas sociales de resistencia civil ha sido un excepcional despliegue y aumento de su fuerza militar en todo el territorio, el incremento salarial del 40% (frente a la imposibilidad de subir el salario mínimo nacional al 4%) a las Fuerzas Armadas; la fusión en mandos únicos y conjuntos de la policía y parte del Ejército, la transformación de la Procuraduría General de la República (PGR) en un área jurídico-administrativa.

Como bien apunta el Informe Final de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos (CCIODH) en Oaxaca (febrero de 2007), acerca de los operativos en ese estado, éstos  “no tenían como objetivo restablecer el orden en el estado (al igual que en Atenco), sino ir mucho más allá y buscar una forma de paralización e inmovilización social; a los espectadores por medio del terror y a la población que sufre los hechos al romper el tejido ciudadano, y fomentar el enfrentamiento y la desconfianza entre sectores de la población…Los hechos ocurridos en Oaxaca desde junio de 2006 son un eslabón más de una estrategia jurídica, policíaca y militar que incorpora componentes psicosociales y comunitarios, cuyo objetivo es lograr el control, amedrentamiento y desmovilización social de la población civil”. Al igual que en muchas otras partes del mundo, se instrumentan así campañas de aterrorizamiento y “encierro” de la población civil, siembra permanente de la inseguridad ciudadana, sobreposición de la idea de “paz social” con la de “orden y seguridad”, que llevan a instalar en todo el país acciones de “paz armada”.

 

Hay que romper esta “espiral de violencia”. No puede haber paz en condiciones de guerra e inhumanidad. Por tanto, la construcción de una verdadera paz en México hoy sigue ligada a la lucha por un orden social más humano, por la búsqueda de relaciones de equidad y respeto entre las personas y sus identidades, justicia social para todos y todas, la ética distribución de la riqueza, el control de la sociedad sobre la constitución de los poderes públicos, el pleno respeto hacia la autonomía de cada individuo y comunidades sociales, garantizar la imparcialidad de la ley y no el ejercicio arbitrario y represor del monopolio de la fuerza material por parte del estado y de sus aliados.

 

Para esta construcción resulta imprescindible la aplicación la resistencia civil noviolenta que tiene su primer territorio de acción en lo moral. Por eso la construcción de “armas morales”, la acumulación de “fuerza moral y material” (coherencia entre el fin y los medios) y la interposición noviolenta de cuerpos y objetos materiales son estrategias y tácticas centrales. Por ello, como decía el padre Donald Hessler, fundador e inspirador de Serpaj-México: “la noviolencia es la más violenta de las violencias”, pero usa un tipo de armas que no buscan la destrucción del adversario sino su humanización y aceptación de la justicia.

 

Como conclusión, en estos XX años del Servicio Paz y Justicia en México manifestamos nuestro firme compromiso:

 

     -A favor de construir y fortalecer los espacios de la acción noviolenta y la educación para la paz, en contra de la militarización, la  represión y las diferentes formas de exclusión, discriminación y violencia que enfrenta nuestra sociedad y muy particularmente nuestros pueblos indígenas.

 

     - Nos unimos a las Campañas por la Liberación de los Presos y Presas Políticos y de Conciencia en el país, que ya alcanzan la infame cantidad de 700 (setecientos).

 

     - En el apoyo a los pueblos indios de México en la construcción de su autonomía, en todos los aspectos, y las otras formas de hacer política y sociedad.

 

     - En la construcción de Movimientos sociales, populares y ecuménicos que permitan sumar esfuerzos principalmente con los pueblos indígenas, mujeres, niños, niñas, jóvenes y campesinos, en riesgo por la defensa de sus derechos humanos desde una visión integral y a favor de sus demandas.

 

     - En solidarizarnos y buscar formas alternativas o impugnadoras del orden capitalista, como son el comercio justo y la producción artesanal comunitaria.

 

     - En la construcción de poder alternativo desde los pueblos indígenas y campesinos así como los movimientos sociales y populares.

 

     -Con la ruptura de las formas de obediencia acrítica a la autoridad, haciéndola observable y, a su vez, promoviendo la “desobediencia debida a toda orden inhumana”, principio central de la noviolencia activa.

 

XX Servicio Paz y Justicia - México

Cuernavaca, Morelos a 10 de abril de 2007.

XX Años:

Declaracion Serpaj-México